En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna. Todo tiene un sabor originario y nos recuerda los días de la creación. El tiempo en que la humanidad era inocente y en la tierra todo era amable y hermoso: todo era bueno. El Portal de Belén es un revival del Paraíso. Es como el alma de la Virgen: un reducto donde el pecado no tiene poder. Aquí todo es gracia, armonía y belleza. Aunque se cierne la sombra ominosa de un destino terrible.
La Virgen, como Árbol de la Vida, sostiene en sus brazos el fruto delicado y precioso de sus entrañas. Nos lo ofrece; y nosotros Le adoramos sin codiciar la ciencia del bien y del mal.
Como muestra de la armonía de la creación, los animales sirven de gentil compañía a la Sagrada Familia. No sólo la mula y el buey, que miran pasmados y adoran el misterio del Verbo hecho carne. O los corderos que aquí y allá nos recuerdan el destino que le espera al Niño. (La Virgen le llama «corderico mío», ¿sin saber lo que dice? ¡Vaya si lo sabe!). Sino también ardillas, liebres, pajaritos, y hasta los ratones y demás sabandijas que, lejos de ser molestas, participan del ambiente religioso y familiar. El Niño mete la mano en la hura del áspid. Todavía no hay hostilidades, pero día vendrá en que Él y su Madre aplastarán la cabeza de la serpiente.
Se suele ponderar la pobreza en que nació Jesús. La canastilla, la cuna que con amor y primor le habían preparado sus padres... todo se quedó en Nazaret. Sólo pudieron traer algunos pañales. Jesús nació pobre, sí, pero no menesteroso, porque en el Portal de Belén a la Sagrada Familia «nada le falta». Ningún niño ha dormido en colchón de plumas con la placidez de Jesús en el pesebre, carne y heno. En un tinado derruido, casi a la intemperie, el Niño no pasa frío. No corre un viento helado, sino aquella brisa del Edén, a cuyo frescor paseaban juntos Dios y el hombre.
El Padre Eterno quiso que la llegada de Cristo al mundo fuera dulce. Si hubiese querido darle ya a probar sabores acres, habría puesto aquí a Estefatón, con su esponja de vinagre. Y no la leche purísima de los pechos virginales de la Madre Inmaculada.
Esta es la hora del álef. Lo proclama la cara del buey que mira todo pacíficamente. La noche luminosa. Habrá después una hora amarga de la tau, en que las tinieblas cubran el día, pero todavía no ha llegado esa hora.
Esta noche, la Virgen da a luz a su Primogénito como a un rayo de Luz. Parto letífico. Ya llegará el día en que nos alumbre a nosotros, sus hijos pecadores, entre dolores terribles y cruentos, y frente a la amenaza del dragón.
Esta noche los ángeles cantan: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».
viernes, 24 de diciembre de 2010
domingo, 19 de diciembre de 2010
La tiara (II)
En el sacerdocio levítico, la tiara –ceñida de una sola diadema de oro– era un paramento litúrgico. Insignia del Sumo Sacerdote, quien la recibía en su consagración.
La Iglesia, nueva Israel, asumió esta tradición sagrada al mantener la tiara como insignia del Sumo Pontífice. Pero las diademas pasaron a ser tres, número místico que significa plenitud, para expresar la plenitud del sacerdocio de Cristo, y también la plenitud de potestad de la Iglesia: la «tríplex potestas».«[Moisés] le impuso a Aarón la túnica y se la ciñó con la faja, le vistió con el manto, le puso encima el efod y se lo ciñó atándoselo con la cinta del mismo efod. Luego, le impuso el pectoral en el que depositó el urim y el tummim. Le cubrió la cabeza con la tiara y puso en su parte delantera la lámina de oro, la diadema santa, como había mandado el Señor a Moisés». (Lev 8, 7-9).
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Purísima
¿Qué cosa más blanca que el cándido lirio?
¿Qué cosa más pura que el místico cirio?
¿Qué cosa más casta que el tierno azahar?
¿Qué cosa más virgen que leve neblina?
¿Qué cosa más pura que el ara divina
de gótico altar?
(...)
¡Oh mármol! ¡Oh nieves! ¡Oh inmensa blancura
que esparces doquiera tu casta hermosura!
¡Oh tímida virgen! ¡Oh casta vestal!
Tú estás en la estatua de eterna belleza,
de tu hábito blanco nació la pureza,
¡al ángel das alas, sudario al mortal!
Tú cubres al niño que llega a la vida,
coronas las sienes de fiel prometida,
al paje revistes de rico tisú.
¡Qué blancos son, reinas, los mantos de armiño!
¡Qué blanca es, oh madres, la cuna del niño!
¡Qué blanca, mi amada, qué blanca eres tú!
M. GUTIÉRREZ NÁJERA
Señora: las montañas
con su mantilla blanca inmaculada,
el brillo de la estrella,
el amor abnegado de las madres,
el agua casta y clara de la fuente,
el profundo saber de los humildes,
los ojos de los niños
(que pueden ver a Dios), las azucenas,
las alas de paloma,
la Caridad que no busca el aplauso
ni el agradecimiento,
la melodía de las voces blancas...
Cuanto de bello hay
en este mundo impuro, corrompido,
es un rastro de Tí, de tu pureza.
Promesa de que un día venidero
Israel llegará como una novia
hasta el solio divino,
envuelta en blanco tul y en azahar,
hasta el solio divino,
envuelta en blanco tul y en azahar,
limpia de sus pecados (de los míos).
Y el Señor de los Cielos
al mirarla dirá: «¡Qué guapa! Tienes
los ojos de tu Madre».
sábado, 13 de noviembre de 2010
La basílica y la lira
A los nacidos en esta época decadente nos parece sufrir un exilio en el tiempo. Nuestra patria fue este suelo... pero en otra época. Nos vemos como los hebreos deportados en Babilonia.
Pero un hecho reciente me ha hecho reconciliarme con el tiempo en que vivimos: la consagración de la Basílica Expiatoria Nacional de la Sagrada Familia de Barcelona. Tal esplendor del arte sacro y de la liturgia parecía impropio de esta época. La cítara se ha descolgado del sauce, y en manos de un vate anónimo ha sacado de él todo el genio grandioso del Catolicismo. Ut lyra Christus.
Pero un hecho reciente me ha hecho reconciliarme con el tiempo en que vivimos: la consagración de la Basílica Expiatoria Nacional de la Sagrada Familia de Barcelona. Tal esplendor del arte sacro y de la liturgia parecía impropio de esta época. La cítara se ha descolgado del sauce, y en manos de un vate anónimo ha sacado de él todo el genio grandioso del Catolicismo. Ut lyra Christus.
martes, 12 de octubre de 2010
La tiara (I)
Hemos tenido noticia de una nueva muestra de la recuperación de la tiara en el escudo de armas del Papa actual. Un goteo que empezó al menos en 2008. De forma paulatina, el stemma timbrado de tiara ha ido apareciendo en diversos soportes: ornamentos litúrgicos, el remate de un trono, el dintel de una dependencia vaticana, la fachada de una iglesia de la Urbe... Como in crescendo. El domingo pasado, en el repostero que guarnecía la ventana desde donde el Papa dirigió el rezo del Ángelus.
La jota quiso cantar
La Pilarica en el Cielo
la jota quiso cantar.
De oírla, los angelitos
se pusieron a bailar.
la jota quiso cantar.
De oírla, los angelitos
se pusieron a bailar.
sábado, 14 de agosto de 2010
Ad cælestia regna, ad ethéreum thálamum
Assumpta est María in cælum: Gaudent ángeli, laudantes benedícunt Dóminum. Gaudete et exultate omnes recti corde quia hodie María Virgo cælos ascéndit, et cum Christo régnat in ætérnum. Regina mundi hodie de saéculo néquam erípitur. María Virgo assumpta est ad ethéreum thálamum in quo Rex régum stellato sédet solio. Ecce completa sunt omnia quæ dicta sunt per ángelum de Vírgine María.
María Virgo, sémper lætare quæ meruisti Chrístum portare, qui et in Cælis te assúmpsit et super choros angelórum te glorificávit. Paradisi portæ per te nobis apertæ sunt, quas hodie gloriosa cum ángelis triumphas.
Quæ est ista quæ progréditur quasi aurora consurgens, pulchra ut luna, electa ut sol, terríbilis ut castrórum acies ordinata? Quæ est ista, quæ procéssit sicut sol, et formosa támquam Jerúsalem? Vidérunt éam filiæ Sion, et beátam dixérunt: Et regine laudavérunt éam. Et sicut dies verni circumdábant éam flores rosárum et lilia convállium.
Quæ est ista quæ ascéndit de deserto deliciis affluens innixa super Diléctum suum? Quæ est ista, quæ ascéndit per desértum sicut vírgula fumi ex aromátibus myrrhæ et thuris? Ista est speciosa inter filias Jerúsalem sicut vidistis éam plénam caritate et dilectione in cubílibus et in hortis aromátum. Ista est quæ vulnerávit cor Dilecti in uno oculórum suórum et in candore et humilitate sua.
Super salútem et ómnem pulchritúdinem electa es a Dómino María et Regina Cælorum vocari digna es. Exaltata es Sancta Dei Génitrix super choros angelórum ad cælestia regna. Virgo prudentíssima, quo progrederis quasi aurora valde rutílans? Esto nostri mémor, o Dómina. Filia Sion, tota formosa et suavis es: pulchra ut luna, electa ut sol. Cum ésset Rex in accúbitu suo, nardus tua dedit odórem súum. Pulchra es et decora filia Jerúsalem, collum tuum sicut turris ebúrnea, óculi tui columbárum et comae cápitis sicut púrpura Regis.
Speciosa facta es et suavis in deliciis virginitatis, sancta Dei Génitrix, sicut columbam ascendéntem désuper rivos aquárum, quam videntes filiæ Sion vernántem in flóribus rosárum et liliis convallium beatíssimam predicavérunt, et regine laudavérunt éam. Sicut cedrus exaltata es in Líbano, et sicut cypressus in monte Sion: Quasi palma exaltata es in Cades et quasi plantatio rosæ in Jericho: quasi myrrha electa das suavitátem odoris. Sicut cinnamómum et bálsamum aromatizas, cuius inæstimábilis ódor est nimis in vestimentis tuis.
Tota pulchra es amica mea et mácula non est in te, favus distíllans labia tua, mel et lac sub lingua tua, ódor ungüentórum tuórum super omnia arómata. Iam enim hiems tránsiit, ímber abiit et recéssit, flores apparuérunt, vineæ florentes odórem dedérunt. Comedi favum cum melle meo, bibi vínum meum cum lacte. Intra in céllam vináriam, et vexíllum méum super te sit cáritas.
Hortus conclusus es, María, hortus conclusus, fons signatus, fons hortórum, púteus aquárum vivéntium quæ flúunt ímpetu de Líbano. Surge propera amica mea et veni, columba mea, tabernáculum gloriæ, vásculum vitæ, témplum cæleste. Ut sicut per cóitum lábem non sensisti críminis, sic in sepulchro solutiónem córporis mínime patiaris. Veni de Líbano sponsa, veni, coronaberis. Veni in hórtum méum sóror mea, messui myrrham méam cum aromátibus meis. Veni electa mea, et pónam te in thrónum meum, quia concupívit Rex spéciem túam.
María Virgo, sémper lætare quæ meruisti Chrístum portare, qui et in Cælis te assúmpsit et super choros angelórum te glorificávit. Paradisi portæ per te nobis apertæ sunt, quas hodie gloriosa cum ángelis triumphas.
Quæ est ista quæ progréditur quasi aurora consurgens, pulchra ut luna, electa ut sol, terríbilis ut castrórum acies ordinata? Quæ est ista, quæ procéssit sicut sol, et formosa támquam Jerúsalem? Vidérunt éam filiæ Sion, et beátam dixérunt: Et regine laudavérunt éam. Et sicut dies verni circumdábant éam flores rosárum et lilia convállium.
Quæ est ista quæ ascéndit de deserto deliciis affluens innixa super Diléctum suum? Quæ est ista, quæ ascéndit per desértum sicut vírgula fumi ex aromátibus myrrhæ et thuris? Ista est speciosa inter filias Jerúsalem sicut vidistis éam plénam caritate et dilectione in cubílibus et in hortis aromátum. Ista est quæ vulnerávit cor Dilecti in uno oculórum suórum et in candore et humilitate sua.
Super salútem et ómnem pulchritúdinem electa es a Dómino María et Regina Cælorum vocari digna es. Exaltata es Sancta Dei Génitrix super choros angelórum ad cælestia regna. Virgo prudentíssima, quo progrederis quasi aurora valde rutílans? Esto nostri mémor, o Dómina. Filia Sion, tota formosa et suavis es: pulchra ut luna, electa ut sol. Cum ésset Rex in accúbitu suo, nardus tua dedit odórem súum. Pulchra es et decora filia Jerúsalem, collum tuum sicut turris ebúrnea, óculi tui columbárum et comae cápitis sicut púrpura Regis.
Speciosa facta es et suavis in deliciis virginitatis, sancta Dei Génitrix, sicut columbam ascendéntem désuper rivos aquárum, quam videntes filiæ Sion vernántem in flóribus rosárum et liliis convallium beatíssimam predicavérunt, et regine laudavérunt éam. Sicut cedrus exaltata es in Líbano, et sicut cypressus in monte Sion: Quasi palma exaltata es in Cades et quasi plantatio rosæ in Jericho: quasi myrrha electa das suavitátem odoris. Sicut cinnamómum et bálsamum aromatizas, cuius inæstimábilis ódor est nimis in vestimentis tuis.
Tota pulchra es amica mea et mácula non est in te, favus distíllans labia tua, mel et lac sub lingua tua, ódor ungüentórum tuórum super omnia arómata. Iam enim hiems tránsiit, ímber abiit et recéssit, flores apparuérunt, vineæ florentes odórem dedérunt. Comedi favum cum melle meo, bibi vínum meum cum lacte. Intra in céllam vináriam, et vexíllum méum super te sit cáritas.
Hortus conclusus es, María, hortus conclusus, fons signatus, fons hortórum, púteus aquárum vivéntium quæ flúunt ímpetu de Líbano. Surge propera amica mea et veni, columba mea, tabernáculum gloriæ, vásculum vitæ, témplum cæleste. Ut sicut per cóitum lábem non sensisti críminis, sic in sepulchro solutiónem córporis mínime patiaris. Veni de Líbano sponsa, veni, coronaberis. Veni in hórtum méum sóror mea, messui myrrham méam cum aromátibus meis. Veni electa mea, et pónam te in thrónum meum, quia concupívit Rex spéciem túam.
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