A los nacidos en esta época decadente nos parece sufrir un exilio en el tiempo. Nuestra patria fue este suelo... pero en otra época. Nos vemos como los hebreos deportados en Babilonia.
Pero un hecho reciente me ha hecho reconciliarme con el tiempo en que vivimos: la consagración de la Basílica Expiatoria Nacional de la Sagrada Familia de Barcelona. Tal esplendor del arte sacro y de la liturgia parecía impropio de esta época. La cítara se ha descolgado del sauce, y en manos de un vate anónimo ha sacado de él todo el genio grandioso del Catolicismo. Ut lyra Christus.
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sábado, 13 de noviembre de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
Es a un Rey a quien digo mi poema
Se ha empezado a celebrar otra Misa tradicional en Madrid. Debe de ser medio clandestina porque no figura en los horarios de Una Voce, e incluso han borrado de Infocatólica la entrada de Miguel Vinuesa en que la anunciaba. Pero os confirmo que se dirá (D.m.) el último viernes de cada mes a las 20:30 en la parroquial de San Ildefonso (plaza de igual nombre, barrio de Chueca).
La primera tuvo lugar el 30 de abril. Según el calendario antiguo era la fiesta de Santa Catalina de Siena, Virgen, así que fue la Misa «Dilexisti justitiam» con la colecta, secreta y postcomunión propias de la Santa, replicadas con preces por el Papa. Salía del corazón rezar por Benedicto XVI. El introito, del Salmo 45, terminaba con el comienzo de este «cantus amoris»: «Dico ego ópera mea Regi». Y este verso me iluminó. Expresa de maravilla una de las razones que me inclinan al «Vetus Ordo» y que no habría podido explicar mejor en cien folios. Es a un Rey a quien digo mi poema.
La primera tuvo lugar el 30 de abril. Según el calendario antiguo era la fiesta de Santa Catalina de Siena, Virgen, así que fue la Misa «Dilexisti justitiam» con la colecta, secreta y postcomunión propias de la Santa, replicadas con preces por el Papa. Salía del corazón rezar por Benedicto XVI. El introito, del Salmo 45, terminaba con el comienzo de este «cantus amoris»: «Dico ego ópera mea Regi». Y este verso me iluminó. Expresa de maravilla una de las razones que me inclinan al «Vetus Ordo» y que no habría podido explicar mejor en cien folios. Es a un Rey a quien digo mi poema.
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